Wednesday, December 3, 2014

¿Qué van a decir los libros de texto?



Durante los últimos meses he tratado de imaginarme la respuesta. Cualquier persona se conmueve con las historias que cuenta el cine y la literatura sobre el Holocausto, sobre la Guerra Civil Española, sobre las dictaduras en Latinoamérica. Cualquier mexicano siente abierta la herida del 68. Seguramente nadie de quienes  están leyendo ahora, fue  testigo de esas atrocidades, la mayoría de nosotros ni siquiera habíamos nacido y, sin embargo, nos hemos conmovido con algo que nos parecía lejano e irrepetible y hemos lamentado que no se hubieran evitado ¡tanta sangre, tanta crueldad, tanta injusticia!, ¡tantos zapatos sin dueño en una plaza!, ¡tanta impunidad que se llevaron los responsables hasta su tumba! ¿Lejano e irrepetible?... No.

Un día nos dimos cuenta de que el horror se estaba volviendo a contar. ¿Qué podemos hacer nosotros?Hay quienes dicen que el único cambio posible viene de la individualidad; afirman y subrayan que la educación en el respeto desde casa es la única solución para cambiar este estado de cosas. Concuerdo, siempre y cuando esa educación se piense más allá del nivel superficial del “no agarres lo que no es tuyo”, “no le pegues a tu hermano”, “no te dejes pegar”, “no digas mentiras”. Todos sabemos que se educa con el ejemplo más que con las palabras ¿Qué pasará si decimos estas cosas a los niños y ellos ven que cuando han golpeado a alguien, cuando lo han despojado de su tierra, cuando le han quitado un hijo, cuando le han quitado ¡la libertad o la vida!, los adultos no dicen “No”?

Si la oposición no es a todas las mentiras, a todos los abusos, a todas las injusticias, yo no creo que la educación de la palabra llegue a mucho. ¿Qué vamos a hacer nosotros, los que estamos viviendo en este momento al que Edgardo Buscaglia llama el más oscuro de la historia de México? Hay quienes hemos salido indignados a la calle a decir “No”. Nos oponemos a este estado de cosas donde la verdad se esconde y la justicia se aplaza con toda clase de pretextos, o se negocia en las curules en términos de costos políticos y conveniencias económicas de unos pocos.

¿Qué van a decir los libros de Historia de México que los niños de primaria leerán en diez, quince, veinte años?, ¿habrá un capítulo dedicado a las reformas del 2014, “El mexican moment” que nos llevó a la cima de la estabilidad, la bonanza, la equidad y el bienestar social? ¿Cómo va a contarse la historia del paro del Politécnico Nacional, la historia de las normales rurales? ¿Dónde se va a contar la historia de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y la de sus padres que cruzaron el país, encontrando a su paso un número escalofriante de fosas que nadie había visto antes?

Nací en un país precioso y terrible. Desde que tengo memoria, nunca me han faltado razones para amarlo,  tampoco para dolerme de él. Pero, en los últimos dos meses, no ha habido día que no  sienta que vivo en un espeluznante déjà vu de algo que no viví, sino que leí en los libros (no los de la escuela), vi en las películas (las que estuvieron censuradas durante años) y escuché de las voces que contaron sobre la policía y el ejército en las universidades, de presos políticos y crímenes de Estado.

¿Qué vamos a hacer?‘La casa blanca’ puede convertirse en una anécdota grotesca, o  transformarse en lo que nos acabó por convencer de que el ciudadano que quiere un mejor país: separa la basura, no da ‘mordidas’ -¡claro!- pero, también vigila y pide cuentas. Iguala puede ser otra tragedia nacional como Acteal, como Atenco, como Tlatelolco, o puede ser el punto en que estuvimos dispuestos a que nunca más se contara el horror en México.¿Quién va a contar la Historia?

Sandra

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